lunes, 27 de marzo de 2017

EL ORIGEN

Hace unos días volvía a hablar con alguien sobre el origen de mi afición por las palabras. Casi siempre uso el mismo argumento: " es que soy hija de Filólogo..." y hay respuestas que van desde "de casta le viene al galgo" hasta "eso no tiene que ser una premisa". Pero en este caso lo es.

No recuerdo tanto a mi padre escribir como leer. Leía hasta cuatro libros a la vez y siempre me pregunté cómo habría cultivado la habilidad de salir de una historia y entrar en otra con aquella facilidad: un libro para la mesilla de noche, otro para el cuarto de baño, otro para el sofá de la tele, para la mesa del despacho,...

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Le recuerdo, yo adolescente, agobiado por tener que corregir exámenes de la Facultad, y ofrecerme voluntariamente para echarle una mano. Me miraba con recelo y tardaba en contestar, pues sabía que era capaz, pero su ética profesional no le permitía ceder a mi ofrecimiento.

También recuerdo, desde muy chica, colaborar en casa con pequeñas tareas entre las que siempre se me asignaba la limpieza de su escritorio. "Esto límpialo tu, que entiendes mi orden"...y era un rato de adentrarme en un mundo de fichas, folios, apuntes, exámenes, libros,...Fascinante. Todo lo trataba con sumo cuidado y delicadeza, pues cada uno de aquellos objetos se elevaba a la categoría de tesoro. Fui una privilegiada.

Estanterías de madera hechas a mano forraban las paredes de mi casa. Repletas de historias, de vidas, de sueños,... Limpiar el polvo de aquellos libros era una dulce tortura y con seis o siete años ya me sonaban Gabriel García Márquez, Camilo José Cela, Federico García Lorca, Miguel de Cervantes, Franz Kafka, Umberto Eco,...Sus nombres me sonaban al tiempo que aprendía a leer...¿Cómo no me iba a influir todo aquello?

En alguna ocasión mi padre nos llevaba a mi hermana y a mí a la Facultad. Algún sábado en que iba a terminar trabajo pendiente nos dejaba, como si fuera un parque temático, en la Biblioteca de Magisterio. Yo debía tener unos siete u ocho años, pero era entrar en aquel templo y dejarme embriagar de su silencio, porque había que escuchar a los libros que me gritaban desde su posición. Muchos no los entendía, pero no había mejor pasatiempo que leer sus títulos e intentar comprender sus argumentos...En una ocasión concreta recuerdo llevarnos uno de los ejemplares bajo el abrigo. Al confesarlo, en el viaje de vuelta, mi padre nos reprendió porque no había necesidad de aquello. Sin embargo, su enfado era confuso...creo que en el fondo, él sabía que si un niño robaba un libro había que sentirse orgulloso. 

Nos fuimos a casa con aquél trofeo de tapas duras y amarillas que leímos y releímos una y otra vez. Un niño que se iba de vacaciones formó parte de nuestra vida muchas veces. Me sorprende haberlo perdido.

No estoy segura de si estas visitas a la gran biblioteca se repitieron más de una vez...ni siquiera de si todo fue tal y como cuento, pero sí es tal y como lo recuerdo.
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A día de hoy papá ya no está. Hace más de veinte años de su ausencia pues, por gracietas del destino, no pudimos verle envejecer. Como los grandes mitos...Muchas veces me pregunto si no buscaría en los libros formas de escapar, de evadirse de la realidad pero eran, sin duda, su otra vida.

Yo hoy cuento casi con la edad que él tenía al "marchar" y no he sido capaz de leer ni una tercera parte de lo que él leyó. Siempre añoraré tener esa habilidad. Sin embargo, ese amor por las palabras fraguó en mí de tal manera que se convirtió en algo que me define. Me siento una extensión de mi padre. Y sé que lo soy.

domingo, 26 de marzo de 2017

(RE)ENCUENTRO DE ALMAS

Hacía meses que no las veía. No estaban todas, pero pude disfrutar de las que sí.

Un reencuentro con amigas, tantas veces pospuesto, se hizo posible anoche. Algo sencillo: cena, charla, risas, lamentos de nuestra vida, deseos de avanzar,...Hubo una presencia nueva. Un alma nueva que se unió a nuestro círculo. Una amiga más que el destino quiso cruzar en mi camino. No es su mejor momento, pues ahora su energía es baja y su tristeza la atrapa, pero allí estaba. Probablemente para recordarme mis propias tristezas, que hasta hace bien poco tanto me han atormentado.

Pude escucharla y acompañarla en su llanto. Y pude decirle, esta vez totalmente convencida, que todo pasa.

Me siento obligada a darle las gracias por haber compartido, aún sin querer, esos momentos conmigo. Pude ver que, por fin, estoy cruzando al otro lado. A mi lado, Al que tan abandonado tenía. Pude acariciar su alma con la mía sin dejarme arrastrar a su abismo, pero abriéndole una puerta para que pasara a la zona de los corazones rotos y recompuestos. Esos que, aunque están al borde del precipicio que les lleva al abismo, ahora son capaces de alejarse de la caída. Porque ya pueden ver más allá del obstáculo que les abruma...Espero que cuando acabe su duelo decida cruzar la puerta que le brindo, pues todos somos dignos de ser felices y de tomarnos nuestro tiempo para llegar a serlo...

Gracias a mis amigas por formar parte de mí. Gracias al Universo por estas hermosas casualidades. Y gracias a mí por haber podido, por fin, cruzar la puerta que tantas veces se me brindó. Todas y cada una de las lágrimas y los desalientos han sido necesarios para poder hacerlo. Gracias....Gracias...

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martes, 21 de marzo de 2017

EN PLENA BÚSQUEDA


Llega un momento en que la vida se te derrumba. No va mal: tu salud es fenomenal, tienes trabajo, la familia está perfecta, tus amigos te apoyan,...pero algo te quema por dentro. La vida te quema por dentro.

Has decidido no ser de las personas que hacen "lo que toca": ahora pareja, ahora hijos, ahora oposiciones para sacar partido a mi carrera,...y te das cuenta de que es una doble lucha.
Vivir de manera diferente a como se espera que lo haga alguien de tu edad es demasiado cansado. Y pesa...Y quema...Y, a veces, hace daño.

Las miradas de otros cuando te quejas y dices en voz alta lo que prefieres, los profesionales que te presionan para que te conformes, la familia que te juzga sin querer,....todo va pesando.

Pero llega el momento de ser fiel a uno mismo. Basta de renunciar a ser tu, aún y cuando no sabes quién eres. Sólo sabes que eres diferente, que siempre has sido diferente y que no has podido conocerte porque todo lo demás se ha interpuesto. Los miedos se han interpuesto...Y por eso has acabado en este limbo.

Así que, aunque existan días como hoy, en los que parece que nada tiene sentido, hay que recoger los pedazos, repararlos, reubicarlos y continuar andando con el corazón como brújula. Porque al final del día, de la semana, o puede que del mes, terminará por fin mi búsqueda y daré conmigo. Siento que estoy cerca...


viernes, 10 de marzo de 2017

25-S. DOS AÑOS DESPUÉS...

Hace hoy dos años, Madrid era una oleada de manifestantes que arrasaba con sus gritos y pancartas la ciudad, avanzando bajo el lema de tomar el congreso. Vimos con nuestros ojos cómo España nos mostraba su cara más fea, en la que la policía no velaba por la seguridad del ciudadano, sino que corría tras él metro abajo en una persecución absurda, en la que golpeaban a todo el que se cruzaba a su paso...
En ese día de revolución llegó a este mundo alguien que me hizo pensar que estábamos en tiempo de grandes cambios. Aún lo creo.
Mi hermana mayor daba a luz a su segundo hijo y volví a sentirme enormemente orgullosa de ella. Por ser tan valiente...estoy segura de que su abuelo habría siempre asociado su nacimiento a todo lo que estaba reventando en el país. Fue así como llegó Marcos: nuestro pequeño revolucionario.


QUÉ SUERTE SER TÍA...


A veces me pregunto cómo puede vivir una madre sin que el corazón le estalle de amor en el pecho.

No soy madre, ni pretendo serlo. Demasiada responsabilidad y demasiado miedo a este entorno loco me han hecho dar unos cuantos pasos atrás en esa decisión.

Probablemente, haber tenido trabajos a lo largo de toda mi vida laboral dedicados a prestar servicio a los hijos de otros, muchas veces con un alto grado de implicación emocional, hayan frenado y minado mi deseo de ser madre. Pero esa no es mi reflexión ahora.
Mi reflexión parte de momentos concretos: parte de lo que arde dentro de mí cuando toco una puerta y mis sobrinos gritan entusiasmados mi nombre al otro lado, dispuestos a abrirme.

Parte de las conversaciones con un proyecto de mujercita que a veces me hacen reír y otras me remueven el alma. Porque está tan cerca de perder esa inocencia...y porque siempre me ha sorprendido su capacidad de razonamiento, su valentía y su personalidad. Mi pequeña maestra...

Parte de lo que bulle en mi pecho cuando Marcos recuesta en él su cabecita mientras ve la tele. Me freno para no agobiarle con carantoñas que le expulsen de mi lado. Sólo respiro y siento. Muestro mi afecto con represión, para no estrujarle. Respiro y siento...me centro en el compás de su pecho y en el calor que desprende. En su olor. Respiro y siento...

Parte de que me convenzo que entre mis manos tengo lo más valioso de la vida cuando sostengo la carita de Gara mientras le doy un beso de buenas noches. Con una mezcla de "calla y duérmete ya, pesada" y "me encantaría que siempre encontraras temas de conversación en los que me dejaras enseñarte algo".

Hay que ver cómo quiero a estos bichos, que cada vez son más capaces de sacar a cualquiera de quicio. Porque las generaciones cambian, pero el amor siempre será el amor. 

Y me pregunto cómo mi madre, cómo mi hermana y cómo mis amigas y familiares madres, pueden seguir adelante sin que su corazón termine quemándolas por dentro. Aunque se enfaden, aunque a veces tengan ganas de perderles de vista por agotamiento, aunque lleguen a pensar que les matarían por impertinentes...si aún y así se paran a disfrutar de estos instantes, el corazón hierve...

Qué suerte tengo de tenerles en mi vida. Qué suerte ser tía...