lunes, 24 de abril de 2017

LA CARRERA DE LA VIDA

Ayer fue un día hermoso...Me acerqué a animar a mi hermana durante una carrera.

Mi hermana pequeña, a la que en tantas ocasiones he visto superarse...la que desde muy niña se adentró en el mundo de la rítmica y la alta competición, la que siempre nos emocionó con sonrisas triunfantes y lágrimas de derrota. La misma que hoy se ha convertido en un compendio de valores y tesón y a la que admiro profundamente a pesar de sacarle más de siete años. Allí estaba ella, después de decirnos una y mil veces que no sería capaz de acabar en un tiempo decente. Valiente, siempre valiente...Tirando hacia delante y dando lecciones de lucha. Una vez más.

Mis sobrinos también se vinieron a verla y se quedaron conmigo a esperarla pasar. Habíamos decidido que Gara se engancharía en el último tramo y tiraría de nuestra corredora para impulsarla a terminar el reto. Cuánta emoción sacudía su cuerpo...Cuando la vio doblar la esquina preguntaba: "¿Entro ya?" A nuestra indicación saltó a la pista y mi hermana le tendió su mano. La niña corría con toda la energía de sus diez años y todo el deseo de ayudar a su tía a terminar. Fue sólo un instante, pero verlas de espaldas avanzando juntas, es más un tesoro que una imagen grabada...

Pero entonces Marcos me dice que también quiere y, sin pensarlo, le suelto un: "¡Pues corre!" Verle a él, tan pequeño, con aquella fuerza, sabiendo que su objetivo era alcanzarlas y cruzar la meta, me paralizó...sus pequeñas piernas no se veían de tanta velocidad. Su pecho erguido, impulsado por una energía casi sobrenatural. Su pelo saltando al ritmo de cada impacto. Pura vida.

De repente me dí cuenta de que no las alcanzaría a tiempo. Y sentí miedo. Vi que le había soltado la mano, incluso impulsado, sin pensar en que podía caerse, asustarse entre tanta gente, podían pisarle o empujarle...sus cuatro añitos le hicieron de repente, a mis ojos, demasiado vulnerable.

Traté de correr a su ritmo por fuera de las vallas de seguridad, pero toparme con los obstáculos que suponían quienes veían la carrera me dificultó la labor. Y le perdí de vista...

Una bola oscura se encajó en mi plexo solar, casi como una mordida desgarradora. El miedo por haberme precipitado me sacudió: "le he perdido" "le he fallado""no me lo puedo creer..."

Cuando llegué a la meta, pareció que había pasado un siglo antes de oír a mi hermana llamarme con un hilo de voz, aún recuperando el aliento. Y allí estaba ella con mis dos sobrinos agarrados a sus manos.

Marcos había ido corriendo tal como le dejé y, al llegar ellas a meta y aminorar la marcha, asió a mi hermana por las piernas sin que ella se hubiese percatado de que iba todo el tiempo detrás. Y aquella escena...mi hermana feliz de otra batalla superada consigo misma y mis dos sobrinos habiéndola disfrutado tanto, soltó la mordida de mi estómago, que volvió a llenarse de luz.



Me sentí tan orgullosa de ellos...cada uno se había trazado su propio objetivo y sabido como alcanzarlo. Y, de todo ello, concluí las siguientes enseñanzas:
- Nunca sabes quiénes serán tus maestros de vida, ni cómo llegarán las lecciones.
- Se debe perseverar hasta conseguir lo deseado. Sin rendiciones, a pesar de las flaquezas...
- En la carrera de la vida hay que saber cuándo soltar a los seres queridos. Para permitirles avanzar solos y para aprender a avanzar nosotros mismos.
- Es obligatorio ser prudente, pero no abandonar por miedo.
- Nunca es tarde para subirse a un tren, para ilusionarse.
- Podemos encontrarnos muy solos a lo largo del camino, pero valoraremos los gestos de empuje como pequeños milagros. 
- Lo que mis sobrinos despiertan en mí está cargado de una magia incomparable: amor.

Quise escribir ayer mismo sobre esto. Disfrutar de mis emociones a flor de piel y transcribirlas, pero era incapaz. Cada vez que lo intentaba se agolpaban en mi mente flashes que me abrumaban. Imposible transmitir lo que quería. Como una tonta enamorada.

Y por más que trato de calmarme y convencerme de que exagero con esta sensibilidad extrema, no paro de ver que lo de ayer no fue una carrera más, sino que se dio ante mis ojos una metáfora de lo que es la propia vida.

martes, 18 de abril de 2017

AMEN.

Persecución de gays en Rusia y Chechenia. Campos de concentración para alejarles del resto de la sociedad donde les torturan con saña. Hasta la muerte, si es preciso. No vaya a ser que se les pegue algo...

Personas. Personas que apresan, torturan, golpean, violan y hasta matan a otras personas sin ninguna razón justificable. Si es que alguna vez la hay.

Por cómo piensan, por cómo viven, por cómo actúan, por cómo aman...No les han hecho nada para provocar este odio. No es una venganza. Es un "yo no lo entiendo, no lo comparto y por eso te destruyo. Te humillo hasta la muerte" (ya sea psicológica o física).

Sembrar el miedo y el terror ante los que no se esconden por ser como son. Por ser. Simplemente por ser...

¿En qué momento el ser humano se deja alimentar de tanta oscuridad? ¿Cuándo dejamos de razonar para estigmatizar a alguien y perseguirle con la idea de disfrutar con su sufrimiento y exterminio? ¿Quién decide quién es merecedor de semejante castigo? ¿Es una cuestión cultural? ¿De educación? ¿Religiosa? ¿Una moda? ¿Demuestra la esencia del verdadero macho hacerse un criminal? ¿Hay de todo un poco?

Una vez leí que lo que te molesta de la otra persona, lo que te saca de tus casillas, es algo que te pertenece. Que sucede porque vemos reflejada en ella esa parte que más odiamos de nosotros mismos. De ser cierta esta premisa, en Rusia hay mucho gay frustrado. Quizá si dieran rienda suelta a su deseo, todo sería menos cruel, más humano. Sería interesante que el primero en ceder a ello fuera Putin, que con su silencio y su mirada a otro lado ha tratado de silenciar esta violación salvaje de los derechos humanos, hasta que ha sido imposible seguir escondiéndolo.


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Más amor, señores, sea del tipo que sea. Más amor y más aceptarse a uno mismo, que a veces buscamos fuera los fantasmas que nos gritan desde dentro.

Amen. Así, sin acento...

domingo, 16 de abril de 2017

BOMBARDEOS EN SIRIA

Una imagen me taladra la mente: un fotógrafo corre como un caballo desbocado con un niño pequeño en brazos, tras un bombardeo en Siria.

La imagen me sacude por el nivel de humanidad: ha cruzado la línea profesional y le ha podido la personal. Su alma, su verdadera esencia, le ha hecho reaccionar.

No puedo evitar rememorar los detalles: el niño inconsciente, descalzo, con un brazo colgando, y el fotógrafo con el pelo alborotado y la cara desencajada por el horror y la desesperación. Quizá haya olvidado su papel allí, simplemente porque se ha negado a acostumbrarse. Bendito sea por ello.
La imagen puede contener: una persona, calzado y exterior

Pero aquí, en Occidente, sí nos hemos acostumbrado. Las imágenes son tan redundantes que parece que vemos una película en bucle, que ya nos aburre. Quizá hayamos perdido la empatía con esta gente, porque ya no nos transmiten...como actores en un mal teatro.

Quienes no la hemos perdido nos preguntamos constantemente qué podemos hacer. Asumimos que nuestro destino no es arreglar el mundo, que el monstruo es demasiado grande para enfrentarlo solos y vivimos en un limbo entre el dolor por estas personas y la impotencia por no tener medios para más. Y nuestro día a día, que no es poco...

Personas, sí. Así les he  llamado. Porque la costumbre nos ha hecho olvidar lo que son. Y es que....antes de ser sirios en una guerra, eran humanos.

domingo, 9 de abril de 2017

HACIENDO BALANCE

Cuando decidí que debía tomarme más en serio lo de escribir, se me vino mucha gente a la mente. Pensé en los que me influyeron por ser como eran. En cómo se dio la semilla, en quién me enseñó, quién me mejoró, quién me completó...

Pensé en la persona que me enseñó a leer: la madre Olga. Una monja joven y cariñosa que enseñaba las letras a las niñas del Parvulario. Recuerdo mi majadería, con cuatro años, de confundir la "f" con la "j". La madre Olga marcaba tareas a la clase y me llevaba con ella fuera, al jardín del centro, donde podía, a la vez, controlar lo que pasaba en clase. Sentadas en un escalón me hacía repasar las letras en unos preciosos tarjetones rotulados en molde caligráfico. Y me volvía a equivocar...
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Y aquella mujer, en su paciencia infinita, volvía una y otra vez a explicarme la diferencia. Con una sonrisa verbalizaba un "no pasa nada", pero yo quería saber. Quería aprender. Y quería pagarle aquella atención que tenía conmigo, haciéndola sentirse orgullosa. Tan agradecida estaba,,,y aún lo estoy. Creo que cualquier persona que ame las palabras nunca podrá olvidar quién se las enseñó. Ella activó mi semilla, que ya estaba plantada desde "el origen".

Luego hubo varios maestros y maestras que me vieron pasar por sus vidas pero que nunca vieron en mí nada especialmente destacable. Así, hasta cambiar de colegio y tener, como profe de lengua, a Juan Tomás. Recuerdo que me hacía participar en clase y yo, que andaba muy despistada con cosas de la edad, no fui capaz de notar que aquél hombre trataba de alentarme para que continuara aprendiendo y mejorando. No quería fastidiarme ni cuestionarme cuando me pedía que fuera yo quien leyera en voz alta las soluciones de los ejercicios. O mis redacciones. Quería que me diera cuenta de lo que valían. Él me mejoró.

Siguió pasando el tiempo y fui subiendo de nivel. En el instituto tampoco destacaba en nada, que yo recuerde...sí hubo un año un concurso de literatura y presenté un texto en prosa que quedó en segundo lugar, pero nunca lo tomé demasiado en serio, porque dudo que se presentara mucha más gente.

Cuando llegué a C.O.U. me topé con los genios de la Literatura y con un profesor que explicaba sus clases como si fueran cuentos. Ángel se convirtió en la persona que me hizo ver más allá de las historias. Sus clases eran lo más deseado de la semana y con su saber y amor por las letras, pude dar con el mío propio.

De todo lo que me enseñó puede que sólo recuerde una quinta parte, pero darme cuenta de cuál era mi mejor manera de expresarme fue la mayor de las enseñanzas. Ángel me invitó a sentir y a hacer sentir. Él me completó.


Luego la universidad, planes que se cambian, la vida que sigue y tu capacidad...ya ni la recuerdas. Luego el mundo laboral. Y la vida...llega un momento en que el universo se viene abajo y que tocas fondo porque te rindes dejándote hundir. En ese momento coges un bolígrafo y tratas de expresarte, pero hay tanto de íntimo en lo que haces que no le ves sentido a escribir para que otros lo lean ¿A quién le puede importar cómo te sientas? ¿Estaré haciendo el ridículo?

Pero en medio del túnel alcanzas a ver un destello. Y lo sigues. Tu instinto te dice que tienes que escribir, le importe a quien le importe el contenido. Que debes escribir para dejar que tu alma se exprese. Y te decides a seguir...Entonces empiezan a aparecer señales: un taller de escritura con Santiago Gil. Él me reencontró.
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¿Serviré para esto? ¿Merecerá la pena? ¿Estaré a la altura?.,.Creo que cuento con un deseo de "servir"que puede superar casi todo. No sé si estaré a la altura pero, lo que sí sé, es que aún y conociendo lo mucho que me queda por aprender, merece la pena. Estoy lista para reescribirme.

martes, 4 de abril de 2017

CHICA CONOCE A CHICO


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Chica conoce a Chico. Chico es encantador, la tiene hipnotizada: regalos, piropos, halagos, atenciones,...Chica se enamora.

Pasa el tiempo y conviven juntos. Las atenciones se vuelven controles y Chica es lista y se da cuenta de que hay más mundo después de Chico.

A pesar de haber vivido un historial familiar de maltrato, Chica decide romper el patrón, desplegar sus alas y volar. Consigue crecer profesionalmente y obtener herramientas que la harán más independiente y autónoma. Se quiere. Se quiere tan bien, que ya no necesita que la quieran tanto y tan mal. Y da el paso. Se lo confiesa a Chico. Quiere seguir su camino.

Chico no puede con su "desamor propio" y, antes de sufrir frustración por este fracaso, decide que ha de ser peor para ella. Merece el peor de los castigos:  Que ya no crezca, que ya no vuele, que ya no respire. Si, le arrebata hasta el aire.

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Ya no podrá ser independiente, porque si decidía en su vida ahora, cómo no, decide también en su muerte.

Chica se ha ido, pero no a donde quería. Y Chico, que aún puede ser más Monstruo y cree que su atrocidad necesita un retoque, llama a su cuñada para informarle de que le ha dado algún sopapo a Chica. Que no sabe si es grave. Y la hermana de Chica corre como loca a comprobarlo. Y vaya si ha sido grave...su cuerpo sin vida está embalado en plásticos dentro del maletero de un coche. Bastante grave...

Fin de la "historia de amor". Fin de Chica.

Ahora Chica, que pagó su deseo de volar con la pena de muerte, no podrá ver cómo Chico es detenido y puesto en libertad en poco tiempo, porque la enajenación mental transitoria justificará, seguramente, este "acto de amor desesperado". Claro, pobre Chico, se le fue de la mano el escarmiento...

La familia de Chica y sus amigos vivirán la condena perpetua de no verla más. Nunca más. Pero así son las cosas del "amor", ¿no? Al final paga el que menos culpa tiene...

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Chica no es sólo Yurena. Chicas hay muchas. Demasiadas.

Sentía la necesidad de escribir sobre ellas. Da igual que tengan miedo y aguanten, y da igual que sean valientes y decidan dejar de aguantar. Da igual. Sus vidas tienen tan poco valor, que con ella pagan la frustración de sus Chicos. De sus Monstruos. Sin embargo, el castigo que reciben los Monstruos es una jodida broma.

No tenía la intención de caer en tópicos. No quería hablar de lo de siempre ni quería decir lo que dice todo el mundo. Pero tampoco podía callarlo. Llevo días intentando encajarlo en mi cabeza, pero debo tener poca capacidad para entender estas cosas...Y menos mal.

No obstante, sí quisiera que las historias sean justas y que Chico conozca a Chica y la enamore, y viceversa. Que sean felices y quieran evolucionar juntos. Que si funciona, envejezcan uno al lado del otro con el respeto como premisa. Y que si no funciona, el que quiere volar que lo haga y el que no lo encaje que se retire con su dolor a lamerse sus heridas. Siempre se podrá volver a amar, empezando por uno mismo.

Respeto...Amor....Hay palabras que algunos creen comprender cuando la realidad es que les vienen grandes. Nunca las han sentido.

Lo siento mucho por ti, Chica. Donde quiera que estés ahora, no dudes de tu valentía, porque en ella sí que hubo amor: a la vida, a ti misma. Pero claro...Chico no puede entenderlo, porque no está hecha la miel para la boca del asno. Con perdón del pobre asno...

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domingo, 2 de abril de 2017

CELEBRANDO LA VIDA

El día de hoy comenzó con uno de esos compromisos sociales que tan poco nos gusta cumplir. Ya sea por la inapetencia de ceder a los protocolos que la sociedad impone, ya sea por la baja tolerancia que una tiene ya a impregnarse  de la tristeza de otros. Hube de acudir al sepelio de una tía de mi padre.

En medio del emotivo acto, siendo testigo de la emoción de los hijos y los nietos de la difunta, encontré una razón para celebrar la vida. Extraño momento y extraño lugar para hacerlo, lo sé...
Me reencontré con un primo de mi padre, de esa parte de la familia que vive en Tenerife y de la que el tiempo, la distancia, la pereza y, la propia vida, me han terminado alejando. No le veía desde que era una niña, creo...
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Era el típico primo lejano que, siendo yo una cría, veía como el más guapo y simpático. Era una faena ser una renacuaja. O tendría que crecer pronto, o me buscaría uno como él cuando fuera mayor (al final, ni una cosa, ni la otra).

Cuando se acercó a abrazarme era inevitable reconocerle, a pesar de los años transcurridos, por aquella hermosa sonrisa. Acompañado de su pareja nos pusimos al día, brevemente, sobre qué era de mi vida y de la suya. Hablamos, cómo no, de la pena por su hermano fallecido hace algo más de dos años y, de repente, la conversación se volvió hermosa: de cuando "El Negro" tomaba el café frío en un frasco de cristal que llevaba consigo a todas partes; de cuando "El Negro" trabajaba en la Guardia Civil y se vestía con una chaqueta vaquera sobre el uniforme, aunque su padre le amenazaba con meterle en el calabozo por falta de respeto al cuerpo; de cuando "El Negro" le dijo al "Flaco" (mi padre), que había que dejar el mini en Siniestro Total para poder cobrar el seguro;...ay, Rafa, cuántas locuras nos dejaste para contar y recordar.

De repente me sentí viviendo una enorme paradoja: estaba haciendo acto de presencia en la despedida de una persona mientras celebraba la vida pues...¿Qué es la vida si no merece ser recordada por los que dejas cuando te has ido?

Y me emocioné, al llegar a casa, rememorando cómo había encajado yo en su día la noticia de la muerte del "otro hermano" de mi padre. Cómo recordé, llorando y riendo a la vez, las anécdotas locas del "Negro" y cómo deseé no olvidar nunca esa alegría y locura innata de la que era dueño y señor. Él, que sabiéndose enfermo, pidió a su familia que hicieran una fiesta y le recordaran con música de Bob Marley cuando se marchara. Grande, "Negro"... Siempre apoteósico.
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Hoy, con este encuentro, pude ver en la sonrisa de mi primo el reflejo de otra sonrisa. La del hermano que ya no está. Y me di cuenta de que, al final, tampoco fue tan horrible acudir a este entierro. Y de que el tiempo pasa, nos hace mella, la gente cambia,...pero la vida siempre merece ser celebrada. Siempre. En cualquier momento...

Gracias, "Negro".

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