sábado, 28 de octubre de 2017

REFLEXIONES DE UNA ANTIGUA EDUCADORA...

Cada día tiene una sensación distinta. Se dirige andando al trabajo y pasa por delante de una pequeña escuela infantil.

Recuerda su antiguo empleo y, sonriendo internamente, se rememora dentro de un aula tratando de atender y enseñar a todos.

La primera semana del inicio del curso veía cómo los padres rondaban, ansiosos, alrededor del recinto, sin caer en la cuenta de que sus pequeños les percibían por el olor y la energía desprendida.

Dentro sólo se escuchaban llantos explosivos, histéricos, angustiados,...ni rastro de las voces de las educadoras. Casi podía verlas deseando doblegarse una y mil veces para consolar a todos. Dos brazos, aquí, resultan pocos para abrazar, para sostener.

Las imagina sentadas en el suelo con los pequeñitos trepando sobre ellas o llamando con gestos al que se aísla llorando en silencio. Incluso revive el regocijo de mirar al que se evade del entorno y juega ajeno al ruido y al terror que vive el resto.

Rememora también, el respeto hacia el que no se deja consolar ni tocar. Cómo la pena le ardía al verles sufrir y tener que mantenerse alejada, pues ganarle era su reto.

Todo ese huracán de energía las deja exhaustas mientras las familias, en una angustia más que justificable, exige que recuerdes cada patrón de comportamiento, cada hábito particular...porque no es posible que dejes llorar a su bebé.

Muchos no son conscientes de que estás preparada para educar, para serenar, pero no haces magia. Tu sola no.

En la segunda semana, cuando pasa y les escucha, los llantos han perdido potencia. Se percibe la música de fondo e incluso la dulce voz de la educadora. Y comienza la transformación.

La tercera semana los llantos son a la llegada, pero empieza a haber entendimiento. Muchos se enferman porque la explosión de su pequeño mundo les ha fulminado y, cuando vuelven, repiten brevemente en bucle el proceso.

En la cuarta semana ya se ha obrado la magia. La comunicación y la confianza dan paso a la serenidad, a las ganas de crear y compartir. Ahora sí es magia...y es gracias a todos: familia, pequeños, equipo educativo,...todo suma.

Sin embargo piensa en si no hay una manera mejor...siendo consciente del papel que vivió durante tanto tiempo y del que viven ahora sus compañeras, se cuestiona si los plazos deben ser tan forzados...Es la incoherencia de una adaptación que se "vende" para niños, pero se realiza en beneficio adulto.

Algo nos debe estar fallando cuando en el proceso, dos brazos no dan para cumplir con su función más hermosa...


TALLER DE ESCRITURA. RETO 9: LAS VOCES INTRUSAS.

Te toca leer tu relato en clase y cuando empiezas a hacerlo salen de tu boca palabras que no has escuchado en tu vida. Tus compañeros miran atentos y te felicitan por lo que has leído. Tu te callas y no comentas nada de lo que ha pasado. Ahora escribe lo que pensarías cuando te quedaras en silencio tras esa lectura.

(...)

Las palabras elogiadas no son las mías. Me siento confusa y avergonzada.

Las voces de mi cabeza...esas que me prohíben confesarle mi amor, las que me obligan a seguir con esta vida y boicotean mis ideas convirtiéndome en rea de mis miedos, quizá me están ganando la batalla.

Hasta ahora sólo sonaban en mí, pero empiezan a manifestarse fuera. A controlarme. O a descontrolarme, no sé...Y convencen. Y gustan. Y enamoran...

¿Será posesión o enfermedad mental? 

Podría sacarles partido pero...¿y si toman definitivamente el control?

Debería pedir ayuda. De hecho, ahora mismo, no sé cuál de ellas habla...


sábado, 14 de octubre de 2017

LÁGRIMAS DE CENIZA

Sucedió una tarde cualquiera.

El cielo se tornó rojo, sucio, macabro,...se tiñó de sufrimiento.

Lenguas rojas de fuego azotaban nuestros campos. Y se desató el dolor: mirábamos a lo alto clamando lluvia, conectando con nuestro chamán interior. Rezando, pidiendo audiencia a cualquier ser superior que pudiera existir: Dios, El Universo, Nuestro Doble Cuántico, Pachamama,...

Valientes soldados en armadura, cargados con agua como única defensa y con la bravura y coraje como escudo, luchaban cuerpo a cuerpo con el diablo que avanzaba furioso. El diablo, el que había tomado forma de aulagas de fuego rodantes como aspas de molino. Gigantes. Tanto, que ni el pobre Alonso Quijano en su locura extrema, los habría enfrentado. El diablo, tragando y reduciendo a cenizas la vida encontrada a su paso.



Pájaros mecánicos escupían agua intentando pararlo todo, tratando de rescatar a los pájaros oriundos de su muerte segura...y la vida escapando...

Llegó la noche. Oscura, tremenda. Como única luz, una antorcha inextinguible. Nos habían cambiado los montes, por un volcán. Entre sueño y vigilia, un rezo. Un deseo: Agua Bendita.

Y Pachamama nos escuchó. Y refrescó la tierra dando tregua a los soldados y a los montes. Tratando de limpiar, sin suerte, el daño cometido por aquella mano demoníaca.

Adiós a los hogares, a animales, a los árboles. Adiós a vivencias, a recuerdos. A compañeros de viaje. La nada oscura los había engullido...

Pero ahora el diablo guarda silencio. Pretende que olvidemos, agazapado, mientras la vida pasa y nos deleita con otros asuntos jugando al despiste. Lo  hace y acalla, con su soberbia insolente, los lamentos y el sentir de una tierra que no es capaz de mirar de frente su obra sin sentir una opresión en el pecho.

Tapa la muerte, en general, y la de Carin, en particular. La ninguniza.

Carin, que eligió amar esta tierra tanto o más que sus hijos. Que enterró bajo un castaño las cenizas de su esposo fallecido, sin sospechar que acabaría uniéndose a él compartiendo un mismo final. Carin, que en vez de correr a la llamada de la seguridad, lo hizo para salvar a sus compañeros fieles y terminó hecha cenizas. Unida a su esposo para siempre por un romanticismo macabro. E inesperado.

Su esposo, cuyo árbol alimentado de su esencia, también engulló el fuego y es que eso... no hay Ave Fénix que lo supere.

A ti, diablo, al que no merece ni una mayúscula en su nombre, sólo me resta decirte que no olvido. A ninguno. Y por más que calles, terminarás quemándote en tu propio fuego porque la evidencia de tu secreto, terminará saliendo a la luz. Ese será tu castigo.

La vida volverá y tu, no estarás invitado.



domingo, 1 de octubre de 2017

TALLER DE ESCRITURA. RETO 8: EL BARCO PIRATA

Unos piratas holandeses desembarcan en la playa de Sardina de Gáldar. No hay nadie, ni tampoco una construcción. Sólo se ve una bandera azul que ondea deshilachada por el viento.

(...)

Después de aquella pelea decidió abandonarle. Con cuerpo y alma heridos por el hombre que tanto amó, huyó de madrugada a las calas de Sardina de Gáldar.

Se bañó desnuda y salió renovada.

Cubrió su piel perlada de agua con un pareo azul de flecos serpenteantes y divisó el barco pirata. Sus hombres remaron en bote hacia la orilla y saltaron corriendo hasta ella.

Se ajustó el pareo, temerosa.

El apuesto líder del grupo le habló con la lengua de su infancia. La de su abuela.

Rememoró la leyenda holandesa del barco pirata que buscaba por las costas a la mujer de la bandera azul. Ella indicaba el lugar a sitiar y los ataques acabarían cuando la musa y el capitán se amaran, al fin.

Aquel barco se lo había tragado el tiempo, como a ella. Pero ahora era libre, estaba preparada y él había sorteado siglos para venir a buscarla.