jueves, 17 de enero de 2019

TIEMPO DE...

Nos pasamos la vida posponiendo, quejándonos de la falta de tiempo.

El trabajo, la compra, los pagos, los niños,...nunca hay tiempo.

No quedamos, por el tiempo. No hacemos deporte, por el tiempo. No cocinamos, porque en el super nos venden tiempo envasado. Pero nunca es suficiente....

Un día, sin más, alguien te cuenta que uno de los tuyos no está bien. Que la incertidumbre de la pesada espada de Damocles planea sobre su cabeza. Y paras...Piensas en qué has hecho con tu tiempo y en todo lo que te queda por hacer. Piensas en el tiempo de la otra persona, en la distancia que te separa de ella y en la frustración de no haber compartido más. Porque es ahora, en su momento más difícil, cuando te das cuenta de cuánto la aprecias, y sabes que decírselo no viene a cuento. Puede que suene más a un consuelo propio y egoísta que a una declaración sincera. Y te callas...aunque lo estés gritando por dentro.

Es entonces cuando te ves llorando su drama (empatizar, lo llaman) y necesitas parar a vomitarlo en un papel. Y así, sin darte cuenta, empiezas a escribir de nuevo.

Sucede que, de forma inesperada, de repente hay tiempo. Un tiempo para no rendirse al dolor y agradecer que estamos vivos. Un tiempo para soñar con el fin de los malos días y con la fe de nuevos comienzos...

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